El hexagonal final del Sudamericano Sub-20 Femenino de Fútbol comenzó con un partido cargado de emociones entre las selecciones de Venezuela y Argentina, que terminaron igualando 2-2 en un encuentro intenso, cambiante y con un cierre dramático que dejó claro que esta fase definitiva será una verdadera batalla por los cupos al Mundial.

Desde el inicio, el compromiso mostró dos propuestas diferentes. Argentina intentó asumir el control del balón, buscando amplitud por las bandas y transiciones rápidas para romper el bloque defensivo venezolano. La presión alta del equipo albiceleste complicó la salida rival durante varios minutos, lo que permitió que el partido se jugara en campo venezolano en buena parte del primer tiempo. Sin embargo, Venezuela mostró orden táctico, sacrificio colectivo y una estructura defensiva sólida que evitó que el marcador se moviera rápidamente.

En la segunda mitad, el partido cambió de ritmo. Argentina logró traducir su dominio en goles y parecía encaminar una victoria importante en el arranque del hexagonal. Con mayor claridad en la mitad del campo y aprovechando algunos errores en la marca, el conjunto argentino encontró espacios y golpeó en momentos clave, generando la sensación de que el juego estaba bajo control. En ese tramo, la circulación del balón fue más fluida y la presión coordinada permitió recuperar rápidamente la posesión.

Sin embargo, el fútbol femenino sudamericano ha demostrado que ningún partido está definido hasta el pitazo final, y Venezuela fue el mejor ejemplo de ello. Con el marcador en contra, la Vinotinto adelantó líneas, asumió riesgos y mostró una reacción anímica notable. El equipo comenzó a ganar duelos individuales, aumentó la intensidad en la recuperación y logró llevar el juego hacia un escenario más físico y directo, donde encontró mejores opciones ofensivas.

El descuento cambió completamente la dinámica del encuentro. Argentina empezó a mostrar señales de desgaste y cierta desconcentración defensiva, mientras que Venezuela se creció emocionalmente, impulsada por la necesidad y la confianza que genera marcar en momentos decisivos. El empate llegó en el cierre del partido, desatando la celebración venezolana y dejando un sabor amargo en el conjunto argentino, que dejó escapar dos puntos que parecían asegurados.

Desde el análisis táctico, el partido dejó varios elementos interesantes. Argentina evidenció buen manejo colectivo cuando tuvo la posesión, pero también mostró fragilidad para sostener la ventaja y cerrar los partidos bajo presión. Venezuela, por su parte, destacó por su capacidad de adaptación y por la mentalidad competitiva que le permitió reaccionar en un contexto adverso. Ese carácter puede convertirse en un factor determinante a medida que avance el hexagonal, donde la fortaleza mental suele marcar diferencias.

El empate también refleja la enorme paridad que existe en esta etapa del torneo. Cada selección llega con argumentos futbolísticos importantes y con la ilusión de conseguir uno de los cupos mundialistas, por lo que cada punto suma y cada error se paga caro. Este resultado deja abiertas las posibilidades para ambas escuadras y anticipa jornadas de alta tensión en las fechas siguientes.

En conclusión, el 2-2 entre Venezuela y Argentina fue mucho más que un simple empate: fue un partido que mostró emociones, resiliencia y el crecimiento competitivo del fútbol femenino sudamericano. El hexagonal apenas comienza, pero encuentros como este confirman que la lucha por la clasificación será intensa hasta el último minuto.

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